miércoles, 6 de julio de 2011

Un encuentro inesperado

Ayer en San Isidro (ay gordi), luego de mí frustrada compra para adquirir las entradas de los Red Hot, me subí al 343 para regresar a mi casa. Por suerte estaba vacío. Me senté casi a lo último, cerca de la puerta trasera. Con toda la bronca del mundo, agarré los auriculares del celular y me puse a escuchar música.
Tres paradas más tarde, un nene y una señora se subieron al bondi. Los mismos no tenían ninguna relación de parentesco. La mujer se sentó en el primer asiento, que estaba a unos centímetros del chofer y que daba hacia la ventana. En cuanto al nene, luego de haber pagado el boleto, comenzó a caminar hacia los últimos asientos del colectivo. Esos que muchas personas prefieren ceder para poder sentarse en uno individual o en alguno de las filas de a dos. No es mi caso.
En fin, mientras el chico caminaba por el pasillo notó mi presencia y comenzó a mirarme fijamente. Se sentó en el asiento de enfrente, cruzando el pasillo. Él seguía mirándome.
Después de unos incómodos minutos, giré la cabeza hacia el nene y le pregunté por qué me miraba tanto. Su respuesta fue: “te pareces mucho a mi hermano” (SIC).
En ese momento, recordé que su hermano era la última de la lista de las siete personas que hay en todo el mundo y que son parecidas a vos. Pero lo interesante y el fin por el cual les estoy contando esta historia, no fue esa coincidencia sino que al preguntarle cuantos años tenía su hermano me dijo: “tenía 15 años antes de que muriera el año pasado”.
Como diría una amiga, “TUUUSH”.
Atónito por lo sucedido, me quedé sin palabras. Un segundo después el chico me dijo que se tenía que bajar en la próxima parada, y con apuro me preguntó si me podía dar un abrazo, que obviamente acepté.
Antes de que se bajara alcancé a preguntarle como se llamaba su hermano.
Nicolás -respondió. Y siguió su camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario